Las Expectativas
Las nuestras y las de otros.
Una de las preguntas más difíciles de responder para quienes
vienen a consulta es ¿qué quieres? Sobretodo cuando la respuesta tiene que ser
del tipo:
“Quiero sentir…”
“Quiero ser…”
“Quiero vivir…”
En lugar de esas respuestas que dependen de otros, de aquellos a quienes
no puedo controlar, respuestas de tipo:
“quiero que él…”
“Quiero que mi hija…”
“quiero que mi papá…”
“quiero que mi jefa…” y la lista es interminable. La lista de todas esas personas que no me
entienden y que si quisieran, podrían hacer mi vida más fácil. Es más, si ellos me comprendieran,
seguramente yo sería feliz.
Y la pregunta continúa siendo ¿qué quieres tú para ti?
El no está, tu hija no está, tu papá no está, tu jefa no está…
¿qué quieres tú para ti?
Y entonces aparece el miedo a atreverse a imaginar algo más.
A imaginar algo como:
“Sería rico sentirme en paz aún en medio de los conflictos”
“Quiero graduarme como médico, porque añoro tener la
capacidad de ayudar a otros a sanar”
“Quiero vivir en armonía para mi”
“Quiero reconocerme cuando estoy con él y disfrutar cada
instante de nuestra relación”
“Quiero saber cuáles son las herramientas que tengo para
comunicarme mejor con mi hija y ponerlas en práctica”
“Quiero ver a mi papá y honrarlo por haberme dado la vida, quiero
aceptarlo como es, aunque yo no comprenda su punto de vista sobre muchas cosas”
“Quiero escuchar a mi jefa y saber que su rabia no es
personal, ella quizá esté bajo mayor presión que yo”
Tantas otras formas de ver nuestros problemas que pueden
resultar en algo beneficioso, potenciador e incluso, liberador.
Como terapeuta de PNL, Constelaciones Familiares y consultor
de Tarot, Astrología y el Árbol de la Vida, paso gran parte del tiempo con mis
clientes ayudándoles a reconocer que sí quieren que realmente tenga que ver con
ellos, a reconocer qué si pueden hacer y reconocer las habilidades que tienen o
pueden desarrollar para responder a esas inquietudes.
Desde niños hemos aprendido, niñas y varones, a creer en cuentos
de hadas y eso está muy bien para ayudarnos a manejar nuestros arquetipos
inconscientes y para desarrollar nuestra imaginación, pero llega un momento de
nuestra vida en la que es hora de tomar las riendas de nuestra vida y vivirla
dignamente, con sus altos y sus bajos, haciendo lo mejor de ella. Esa dignidad
viene de saber qué nos gusta y expresarlo, reconocer que algo nos desagrada y
tener la libertad de cambiarlo si eso deseamos y a veces, incluso y muy
responsablemente decir: “esto es lo que hay ahora, mañana las cosas quizá
cambien, sigo avanzando para ser la mejor versión de MI mismo o de MI misma”. Para ello, debo reconocer la diferencia entre
las expectativas que yo tengo de mi misma y la que tienen los otros.
Nuestras decepciones y tristezas vienen que querer lo que no
tenemos, de vivir en el pasado y angustiarnos por el futuro. El vacío en nuestras almas vienen de querer
complacer las historias de otros, lo que otros quieren (aunque sean bien
intencionados) para nosotros: quieren que me gradúe, quieren que me case con el
hombre ideal, quieren que tenga dinero, quieren que tenga hijos, quieren que
viva en…, quieren que trabaje en… Lo mejor de lo mejor.
¿Cuántas veces nos han dicho: quiero que escojas lo que es
mejor para ti, quiero que seas feliz sin importar lo que hagas, te apoyaré,
estás en el camino de tu vida y sólo tú sabes cuál es? Pues bien… es hora de que te lo digas a ti misma
o a ti mismo:
Quiero escoger lo mejor para mi, quiero ser feliz sin
importar lo que haga, me apoyaré, estoy en el camino de mi vida y sólo yo sé
cual es.
Elisabeth Tepper Kofod
23 05 12








